Ésta relación de maestro y alumno sin duda nos revitaliza el espíritu y se nutre del decir del otro, porque esta relación nunca es en una sola vía, sus gestos y actitudes nos dicen siempre, nos enseñan siempre y nos ayudan a aprender lo mejor de nuestros alumnos y a veces lo peor también…
Buscamos siempre dejar la huella en el otro y mostrar la experiencia que hemos adquirido en el camino y sin duda el ensayo, la preparación y la práctica nos ayudan a “ensayar” a repetir a reiterar en como actuar, para cuando llegue el momento de aplicar, podamos mostrar sin duda la mejor manera de transformar esa práctica docente. Como el pintor o el artista ensaya, así el docente también hace de su práctica y de su preparación su reto de seguir “aprendiendo” entendiendo que la emoción del Aprendizaje está en la creatividad. Cuando el docente solo repite como “ rutina” año tras año y no se entusiasma, entonces pierda la fuerza de su espíritu…
La práctica es sin duda un momento de reflexión, agita el miedo a lo desconocido y es un fctor de aprendizaje, el formarse nos implica visitar de nuevo lo que somos, hacemos y sabemos, nos ayuda a reevaluar, salir de si mismo y estar dispuesto a la crítica, es reflexionar, porque sin haber experimentado no podremos reflexionar.
El tiempo que el profesor se toma para reflexionar lo que sabe, lo que enseña y el modo como lo hace, delimita su práctica, un maestro DEBE SER INTELECTUAL, SER INTELECTUAL es reflexionar sobre los problemas e incluso atreverse a crear problemas, es no tener miedo de balancearse entre el conocimiento y el no conocimiento, porque su columpio siempre será el saber… Y sin duda da paso al saber vínculo…



